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Reindustrializar para transformar vidas: 105 jóvenes encuentran una segunda oportunidad en ZASCA

abril 29, 2026

En un país donde históricamente se ha hablado de segundas oportunidades pero pocas veces se materializan, hoy se abre una puerta real para 105 jóvenes que, desde el Centro de Atención Especializada El Redentor en Bogotá, comienzan a construir un nuevo camino.

No es un anuncio más. Es una apuesta concreta.

El Ministerio de Comercio, Industria y Turismo, a través de iNNpulsa Colombia, ha puesto en marcha una estrategia que va más allá de la formación técnica: se trata de dignificar vidas a través del trabajo. Bajo la metodología de los Centros de Reindustrialización ZASCA, estos jóvenes serán capacitados durante 12 meses en áreas como panadería, repostería, confección y manufactura, habilidades que no solo les permitirán generar ingresos, sino reconstruir su proyecto de vida.

La iniciativa, que cuenta con una inversión superior a los $1.950 millones y una articulación clave con el ICBF y la Fundación Colombia College, representa un cambio de enfoque: pasar del castigo a la oportunidad, del señalamiento a la inclusión.

Porque aquí hay algo claro: nadie se transforma sin oportunidades reales.

Lo que hace potente esta estrategia no es únicamente la formación técnica. Es el enfoque. Estos jóvenes no solo aprenderán un oficio; aprenderán a producir, a emprender, a conectarse con mercados y, sobre todo, a creer que sí hay un lugar para ellos en la sociedad.

En palabras de la ministra Diana Marcela Morales, la reindustrialización se convierte en una herramienta de justicia social. Y eso no es menor. Significa reconocer que la economía también puede ser un mecanismo de inclusión, especialmente para quienes han estado al margen.

ZASCA, desde su creación en 2023, ya ha demostrado que funciona. Con 82 centros en el país y más de 7.500 unidades productivas beneficiadas, los resultados hablan por sí solos: aumento del 23% en ventas y del 43% en productividad laboral. No es teoría, es impacto medible.

Pero quizás el dato más poderoso no está en las cifras, sino en el enfoque humano: llevar el aparato productivo a donde nunca antes había llegado.

A centros de reclusión juvenil.
A territorios olvidados.
A poblaciones que durante años no fueron prioridad.

Este programa no solo forma jóvenes; deja capacidades instaladas. Eso significa que no es una intervención pasajera, sino un modelo sostenible que podrá seguir beneficiando a más personas en el futuro.

Y ahí está la clave.

Porque cuando el Estado decide invertir en la gente de verdad los resultados no solo se ven en indicadores económicos, sino en historias de vida que cambian.

Esto es economía popular con sentido.
Esto es política pública con propósito.
Esto es construir paz desde la productividad.

Y sí, esto también es reindustrializar el país.

El Trino

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